Creación de personajes: el trasfondo

Actualizado: 5 abr

¿Por qué nos gustan nuestros personajes favoritos? ¿Por sus reacciones? ¿Porque son guapos? ¿Por sus nombres exóticos? En realidad no. Nos gustan porque algo en ellos resuena con nosotros. Y ese algo no surge de la nada, nace del trasfondo. por eso, en la creación de personajes, el diseño del trasfondo es fundamental.





Creación de personajes: ¿Qué es el trasfondo?


El trasfondo es la historia que hay detrás del personaje, el origen que explica de dónde viene, quién es y por qué reacciona de la manera en que lo hace.


¿Habéis visto la película de Capitana Marvel? Durante todo el metraje asistimos al desarrollo del personaje. Danvers ha perdido la memoria, pero no la personalidad. Esa personalidad viene de algún sitio y ese sitio es el trasfondo. Un trasfondo que se explica en esta escena y sin duda uno de los trasfondos potentes que más se ha comentado en los últimos tiempos:





Carol Danvers tiene una idea férrea de la justicia porque ha sufrido la injusticia; es una mujer que no se rinde, no lo ha hecho nunca. Y, cuando recuerda ese trasfondo, cuando recuerda quién es, se hace más fuerte y vence a sus enemigos.


Trasfondos potentes y clichés, una combinación peligrosa


No es fácil encontrar trasfondos potentes, creíbles y novedosos. Queremos que nuestras protagonistas tengan motivos para ser cobardes o valientes; para vivir felices o estar enfadadas. Pero esos trasfondos potentes, esa historia personal de la que surgen sus emociones principales y su manera de ver de la vida o de enfrentarse a los obstáculos ¿de dónde viene?


¿Cómo hacemos que una niña odie a sus padres sin recurrir al maltrato físico evidente o a una rabieta de la adolescencia?


Que no cunda el pánico. La historia de la humanidad nos provee de multitud de posibilidades que podemos añadir a nuestras obras. Sobre todo si son de fantasía, de ciencia ficción o de terror. Una de las ventajas que nos dan los géneros no realistas es que podemos jugar con los límites de la realidad.


Aunque tampoco es que haga mucha falta. Hoy os propongo tres situaciones reales que podéis adaptar para llenar a vuestros protagonistas, antagonistas y secundarios de buenos motivos para ser como son.


Pero antes… ¿Qué sería de este artículo si no lo aliñáramos con una buena dosis de ejemplos?


Ejemplos de creación de personajes con trasfondos potentes


Severus Snape: el amor tóxico y el sentimiento de culpa


Las discusiones sobre este personaje, su naturaleza inicial, los deplorables actos que comete contra los padres de Harry Potter y su redención final son infinitas. Es un personaje complejo y por eso está entre mis preferidos de la saga.


Es verdad que J.K. Rowling juega con inteligencia cuando decide, además de crear un hombre atormentado por los errores de su pasado, esconder ese trasfondo hasta el final de la saga. Nos presenta así a un personaje aparentemente malvado que nos sorprenderá en el momento justo.


Es el amor no superado hacia Lily Potter en combinación con un pasado de abusos por parte de los supuestos héroes de la saga y con las consecuencias de la venganza del propio Snape lo que lo convierte en un personaje contradictorio.


Snape, además, hace promesas que se obliga a cumplir. Es un hombre inflexible y atado tanto por lo que hizo como por su determinación de redimirse.


El trasfondo de Severus Snape es un gran ejemplo de creación de personajes con un buen trasfondo.






Louis de Point du Lac, en Entrevista con el vampiro. Cuando un trasfondo potente se come a tu personaje


Todo el comienzo de esta novela de Anne Rice habla de las desgracias de Louis, el terrateniente de Nueva orleans que en la película de Neil Jordan pierde a su mujer pero que en la novela asiste a la muerte de su hermano, de la cual se siente culpable.


Como veis, el sentimiento de culpa es una cuestión ampliamente explotada por autoras y autores.


Louis se siente culpable y además no le tiene especial apego a la vida. Si unimos eso con la «casualidad» de que se encuentra con un vampiro bully y bastante estúpido, es normal que el personaje de Louis se convierte en una caricatura. Pero de todos modos, su trasfondo es creíble y muy potente. Además, la propuesta de la novela, al contrario que la de la película, está poco explotada.


También hay que decir que, en este caso, la elección de un trasfondo potente no ha salvado al personaje de ser un poquito plano.





Amor de monstruo, de Katherine Dunn y su protagonista: Olympia «Oly»

Amor de Monstruo está narrado en dos instancias temporales: presente y pasado. En el presente suceden unos acontecimientos determinados que se explican con abundancia de detalles en los fragmentos situados en el pasado. Este pasado explica el trasfondo de Oly, su pasado como miembro de una familia circense, los abusos físicos y sicológicos a los que la sometieron de pequeña y sus sentimientos deformes, que culminan en un hecho condenable.


Oly es un personaje enternecedor al que le tengo especial cariño, pero eso no elimina que su autora la haya tratado con una crudeza desoladora. Uno de los problemas que encontré en la novela, de hecho, fue que el trasfondo de su protagonista tomaba demasiada relevancia. De todos modos, es una historia de creación de identidad y personalidad tan potente como para aparecer en estos ejemplos.



John Wick


¿Es potente el trasfondo de este personaje que ya se ha convertido en icono? Sí.


Estamos ante un asesino a sueldo letal que quiere dejar su trabajo y vivir tranquilo. Un poco como Scarface. De hecho corresponde a un arquetipo relativamente moderno que se resume en la frase anterior: quiero dejar de ser quien soy, pero el mundo me lo impide y, como consecuencia, desato el infierno sobre la tierra.


Ese «ser quien soy» es el trasfondo de John Wick. Y si en la primera película lo sospechamos, en las dos siguientes se nos cuenta con pelos y señales.


Todos estos ejemplos pueden ayudarte, pero copiarlos no es buena idea. No obstante, la historia nos da algunas ideas que podemos usar en la creación de personajes y que no se han visto demasiado:


Cinco ideas extraídas de la historia con las que salpicar tu proceso de creación de personajes


Mis padres me enviaron al bosque a llevar a una cestita a mi abuelita ¡Pero lo hicieron por correo!


El uno de enero de 1913 se inaugura el primer servicio de envío de paquetes postales en Estados Unidos.


Por aquel entonces, recién estrenada la segunda década del siglo XX, no existía una normativa demasiado estricta sobre lo que se podía enviar por correo o no, así que algunas personas hicieron sus cálculos y tomaron sus decisiones: resultó que salía mucho más barato enviar a los niños por correo que pagarles un billete de tren.


¿El resultado? Respetada gente de bien, como el señor y la señora Beauge, de Ohio, enviaron a su hijo a casa de su abuelita por el módico precio de 15 centavos de aquellos tiempos (unos 4$ de hoy).


La práctica se prohibió a los pocos meses, pero siguió llevándose a cabo hasta 1915. Porque los caminos de la ley son inescrutables, supongo.