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¿Qué son los personajes secundarios?

Actualizado: 22 mar 2022

Aunque existen algunas novelas con un solo personaje, lo cierto es que la mayoría necesitan que haya más de uno para alcanzar cierta profundidad e incluso tener sentido. Aunque ese personaje sea un coco con una cara pintada. Pocas veces una protagonista es capaz de sostener la narración por sí misma. Para ayudarlas existen los personajes secundarios. Como su importancia es crucial, hoy hablaremos de qué son, cuánto tiempo debemos invertir en crearlos y cómo ese tiempo nos devolverá enormes beneficios en forma de profundidad, complejidad y lectoras satisfechas. Por supuesto, con ejemplos.



¿Qué son los personajes secundarios?




Si tuviéramos que aventurar una definición de lo que son los personajes secundarios, diríamos que son aquellos que no son protagonistas pero aparecen con frecuencia o de manera recurrente y sus apariciones tienen que ver con el tema de la trama.

Si queremos acotar un poco más este concepto, podemos añadir que suelen tener nombre, las lectoras llegan a conocer una parte de su pasado, sus motivaciones y sus objetivos y, sin ellos, la protagonista no podría llevar a cabo su objetivo principal


Características de los personajes secundarios


Hay diferentes tipos de personajes secundarios, pero todos ellos comparten determinadas características. Si las conoces, podrás identificar personajes secundarios para analizarlos y ver cómo funcionanan. También podrás revisar tus propios personajes secundarios para comprobar que están bien construidos.


Los personajes secundarios son relevantes


Como hemos dicho en más de una ocasión, nada que no sea relevante debería aparecer jamás en nuestras novelas, así que remarcar la relevancia de los secundarios parece redundante.

¿A qué nos referimos, pues? La respuesta es que los diferentes tipos de personajes secundarios resultan relevantes en diferentes sentidos.

  • Puede que revelen detalles necesarios para que la trama avance.

  • Quizá su manera de hacer avanzar la historia sea servir de inspiración a la protagonista para cometer una estupidez.

  • O puede que se convierta en un lastre y le impida realiar una tarea determinada y eso conlleve ciertas consecuencias para la narración.

  • Pueden funcionar como motivación de la protagonista (como Bucky en Civil War).

  • Quizá se comporten como confidentes de la protagonista o como interés amoroso.


Tienen nombre


Es cierto que no hay que trabajar a los secundarios tanto como a los protagonistas, pero debes darles al menos un nombre que los identifique. Si no, se confundirán con los personajes marco, aquellos que aparecen solo para adornar la historia con pinceladas de color. Así que busca nombres para tus secundarios.


Interactuan con la protagonista


En muchas ocasiones, su relevancia se desprende directamente de esta interacción. En otras, la relación entre protagonista y secundarios se dio en el pasado, pero sus consecuencias llegan hasta el presente.

En Kill Bill, la lista que escribe Uma Thurman contiene los nombres de un montón de personajes de su pasado con los que mantuvo diferentes tipos de relación. Y el hecho de que trataran de matarla, determina su relevancia para la trama. De hecho, son la base del conflicto y la tensión.


Los personajes secundarios suelen participar en el diálogo


Al fin y al cabo, la mayor parte de nuestras interacciones personales se dan a través de conversaciones, ya sean orales o escritas (como las redes sociales). Los diálogos hacen avanzar la trama porque nos muestran los pensamientos, deseos y hasta la forma de ser de los personajes, tanto de los principales como de los secundarios.


Son recurrentes


Lo decíamos en la definición: los personajes secundarios suelen aparecer más de una vez. En ocasiones están presentes durante toda la narración porque acompañan a la protagonista durante todas sus aventuras. Como Watson en Sherlock Holmes o Sancho Panza en El Quijote.

Si un personaje solo aparece una vez pero resulta de gran importancia para la trama, es posible que te encuentres ante un catalizador: un personaje que precipita los acontecimientos.


En resumen:




¿Que són los personajes secundarios y qué tipos de personajes secundarios existen?


Hacer una lista exhaustiva de todos los tipos de personajes secundarios que existen es un trabajo que se sale de la entrada de un blog, pero trataré de ofrecerte un resumen digno atendiendo a las funciones que suelen cumplir estos tipos de personajes:

Personajes secundarios que ayudan a la protagonista o a la antagonista

Sancho Panza, Hermione Granger, Sam Gamyi y todos esos personajes que son los fieles amigos de los protagonistas. Como ayudantes, su función es ayudar a que la protagonista alcance sus objetivos. ¿Qué sería de la Tierra Media si Sam no hubiera hecho todo lo que hizo?

Las antagonistas también tienen aliadas. Recuerda: hasta las peores personas del mundo tienen amigos. Y las antagonistas ni siquiera han de ser malvadas por necesidad, de modo que…

Los personajes secundarios que cumplen la función de ayudar a las antagonistas se comportan como obstáculos en el camino de la protagonista. Incluso puedes usarlos para crear tramas enteras que la alejen de su objetivo.

Los mortífagos en Harry Potter cumplen a la perfección esta función.

Dentro de la categoría de ayudantes, existen varios tipos de personajes secundarios, como la confidente, el descargo cómico, personajes de contraste, del tema, ect. Hablo de todos ellos y de muchos más aspectos relativos a la construcción de personajes en:




Personajes secundarios que funcionan como obstáculos

Ya hemos hablado del papel de los mortífagos, pero hay personajes que obstaculizan a la protagonista sin necesidad de aliarse con su némesis. En novelas de misterio, se suelen usar a modo de pistas falsas: un personaje que parece sospechoso, la investigadora centra en él todas sus energías y resulta que no tenía nada que ver con el crimen. O el profesor cascarrabias que castiga a las chicas cuando estas habían quedado para hacer algo muy importante. O los padres que obligan a sus hijos a ordenar su cuarto justo en el momento en que iban a abrir ese portal dimensional tan apasionante.

En El archivo, de Victora Schwabb, la familia de la protagonista, que la quiere y se preocupa por ella, funciona como personaje secundario que obstaculiza sus avances.

Personajes secundarios que funcionan como detonante

¿Por qué cae Alicia dentro de la madriguera del conejo? Porque ve al conejo y este llama su atención. Alicia, hasta entonces aburrida de la clase de historia que le estaba dando su hermana en el jardín, corre tras el animal y todo lo que pasó a continuación ya es historia de la literatura.

El personaje catalizador o detonante puede cumplir otras funciones. Por ejemplo, Pippin, en El señor de los anillos, provoca algunas situaciones incómodas en la novela, como cuando despierta al Balrog. Pero su función principal es la de detonante.


O sea, que el personaje secundario/detonante es aquel que provoca que suceda algo que hace avanzar la trama.

El mentor

En muchas ocasiones, el mentor cumple la función de echar a rodar la historia y se convierte en detonante, pero hay algunas peculiaridades que lo diferencian de este. Sobre todo, el hecho de que su función principal es la de guiar al personaje principal, ofrecerle consejo y ayudarle en su formación. El mentor es quien da a la protagonista las herramientas básicas que usará durante la aventura.


En resumen:




Cómo crear buenos personajes secundarios


Como siempre, la respuesta es que hace falta trabajo, esfuerzo y tiempo. Pero si estás dispuesta a hacer la inversión inicial, el retorno será impresionante. Piensa en esos personajes secundarios que se hacen con el corazón de las lectoras, como el propio Sam Gamyi, Hermione Granger o Tasslehoff Burrfoot.

Pues bien, para que tus personajes secundarios no se limiten a ser excusas o adornos que hagan brillar más a tus protagonistas, esto es lo que puedes hacer:

Dales su propio trasfondo

A veces, cuando nos paramos a pensar qué son los personajes secundarios de nuestra novela, pero solo tenemos en cuenta su relación con la protagonista, nos limitamos a darles unos rasgos físicos, un nombre y una apariencia determinada. Pero esto no es suficiente. Lo ideal es dotarles de su propio arco dramático o arco de personaje.

Y un arco de personaje requiere que conozcamos, al menos de manera superficial, las tres dimensiones del personaje. Cómo es, su pasado y sus pensamientos.

Escribir su pasado, aunque solo sean unas líneas, hará que el personaje final sea mucho más creíble. ¿Sabes a quién se le da esto fenomenal? A Nieves Mories. Sus secundarios en Asuntos de muertos son memorables. Parecen tan de carne y hueso como sus protagonistas. Sus historias personales los acompañan y los definen aunque las lectoras no lleguen a conocerlas nunca.

Esto último es importante: los personajes secundarios son secundarios por algo. Muchas veces nos enamoramos de ellos mientras los investigamos porque investigar al personaje nos ayuda a conocerlo mejor y empatizar con él. Pero eso no quiere decir que debas volcar todo lo que sabes de tus secundarios en la novela. Esta ya tiene una protagonista.

Cuidado con el trabajo excesivo

Sé que acabo de decir que es necesario trabajar los diferentes tipos de personajes de la narración y es cierto. Sin embargo, si te pierdes en los detalles corres el riesgo de no escribir tu novela.

El truco es alcanzar un equilibrio. Saber lo suficiente de tu personaje para hacerlo creíble, pero no desperdiciar horas y horas hasta definirlo absolutamente. Sobre todo porque, si lo haces, el riesgo de dar más información de la necesaria aumenta.

Recuerda que los secundarios son herramientas. No objetos desechables, necesitas que tangan cuerpo, pero que eso no te haga olvidar su esencia. Ya sabes: ¿Qué son personajes secundarios? Parte del casting, necesaria, pero no principal.

En caso de duda, pregúntate si esos detalles sobre los que estás trabajando tanto sirven a la trama. Recuerda que la relevancia es la clave.

Mantén una escala de grises

Aunque tus personajes secundarios sean aliados de una u otra facción, procura que no sean buenísimos o malísimos. Mira Draco Malfoy, que se supone que es un villano de los peores, bully desde pequeño, etc. Pero en el momento clave duda porque no era tan malo.

Y no solo eso: nadie es malvado todo el tiempo. Los supervillanos no se meten en la ducha con cara de querer dominar el mundo. Seguro que alguno de ellos ve comedias románticas o visita a su anciana madre de vez en cuando. Esto forma parte de la tarea de crear personajes tridimensionales. Un malo siempre malo o un bueno siempre bueno, no es un personaje bien creado.

¿Cómo puedes evitar el problema de la unidimensionalidad? Haz una lista corta que contenga tres virtudes y tres defectos para cada uno de tus personajes secundarios. Sean del signo que sean.

¡No dejes que se multipliquen!

Los personajes secundarios hacen falta, pero no dejes que se conviertan en una plaga. En primer lugar, porque es probable que les pierdas las pista y termines metiendo la pata. En segundo lugar, porque es igualmente posible que tus lectoras terminen más confusas que tú. Y la confusión lleva a cerrar el libro antes de tiempo.

Si varios de tus personajes cumplen la misma función, recombínalos en una sola persona. Si en un grupo de amigos descubres que alguno no tiene personalidad ni líneas de diálogo, ni sabes cómo viste, elimínalo.


En resumen:




Cómo usar los personajes secundarios para desarrollar a la protagonista y la historia


Todos tus personajes secundarios existen por un motivo: desarrollar o darle profundidad al protagonista. No basta con colocarlos ahí para que sirvan como ruido de fondo. Cada personaje secundario debe apoyar al principal u obstaculizar su avance.

Una de las maneras de hacerlo es utilizar al personaje secundario para mostrar eventos clave en la historia sin entrar en modo narrador.

Mira este ejemplo. Es de El Manzano, de Daphne Du Maurier:

Tocó el timbre, y la sirviente acudió desde la cocina. —¿No hay otro postre? —preguntó. —No, señor. Recordé que a usted le gustaban mucho las manzanas, y Willis trajo ésas del jardín. Dijo que eran buenísimas y que estaban muy maduras. —Pues se ha equivocado de medio a medio. No hay quien las coma. —Lo siento mucho, señor. No se las habría puesto, de haberlo sabido. Y en la cocina hay muchas más. Willis trajo un cesto lleno. —¿De la misma clase? —Sí, señor. Pequeñas y oscuras. No hay otras. —Bueno; la cosa ya no tiene remedio. Mañana por la mañana me ocuparé de ello.

Es la sirvienta la que da noticias de cómo está la fruta, de quién la ha recogido, etc. De una manera mucho más ágil y dinámica que si la autora hubiera empleado a un narrador. Usa a tus personajes para que muestren el mundo que has creado Los personajes secundarios ayudan a establecer el tono del mundo que has construido. Lo hacen creíble. Le añaden dimensión, profundidad. Esto es asi porque cada uno lo ve desde su propio punto de vista y se forma sus propias opiniones. Incluso es posible que tenga acceso a diferentes lugares. Esto es lo que ocurre en Juego de Tronos, por ejemplo.

Te ayudará que conectes a los personajes secundarios a las ubicaciones más importantes para ellos. Igual que hace Tolkien con enanos y elfos y hasta con los propios hobbits. Cuando estableces estas conexiones es más fácil hace reaccionar a los personajes ante paisajes nuevos para ellos o similares a aquellos que echan de menos. Para esto, por supuesto, necesitas hacer el trabajo de creación de personajes del que hablaba más arriba.

Procura que haya una razón para que aparezcan

No me canso de decir esto, pero es que es muy importante: nada en una narración debería ser accesorio. Y los personajes secundarios, tampoco.

Da a tus personajes un motivo para que aparezcan cuando lo hacen. Esto tiene mucho que ver con manejar los elementos básicos de la narración. En concreto, el argumento. También hablo largo y tendido de ello en Escribir desde los cimientos.



Crea subtramas para tus personajes secundarios

Si les das una historia, una personalidad y además haces que deseen cumplir con unos objetivos, la subtrama ya estará creada. Es mucho más sencillo de lo que parece.


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