Planificar una novela: falsos mitos sobre las escritoras de mapa





Índice

¿Por qué me he convertido en una escritora de mapa que planifica sus novelas?

Mitos sobre planificar una novela

1. Solo hay una manera de estructurar la novela y es aburridísimo

2. Planificar una novela asfixia la creatividad

3. Se eliminan las sorpresas

4. Lleva demasiado tiempo

Ventajas de planificar una novela

¡Mejora tu motivación!



Si ya eres escritora de mapa, conoces de sobra las ventajas de planificar una novela por adelantado, así que no voy a esconderme más. Este es un artículo para aquellas que no confían en el desarrollo de la novela a priori:

  • Escritoras de brújula insatisfechas con sus resultados

  • Autoras indecisas que necesitan saber más sobre el desarrollo de la novela

  • Profesionales o aficionada antisistema de mapa que solo lo conocen de oídas

Vosotras sois las únicas expertas en vuestro proceso de escritura. No dejéis que nadie, y menos yo, os fuerce a planificar vuestras novelas. Seguid con vuestro modo de hacer las cosas… si funciona.


Pero si lo que estás haciendo no te da los resultados que quieres ¿por qué no probar algo nuevo? Planificar una novela puede ser (y de hecho es) tan divertido y emocionante como descubrirla a medida que la redactas.


¿Por qué yo me he convertido en una escritora de mapa que planifica sus novelas?


No sé tú, pero yo empecé a escribir porque me gustaba, sin grandes pretensiones más allá de ganar el Premio Nobel de Literatura cada año. Pero el paso del tiempo ha hecho de la escritura mi profesión. Así que no tengo tanto tiempo como antes para invertirlo en explorar cada rincón de mis mundos.


Planifico mis novelas cortas y mis novelas más largas con antelación porque estructurar una novela evita mucho trabajo de reescritura. Por eso, mi yo del pasado me hace mucha gracia. La pobre Alicia decía que se aburría planificando, pero la de hoy se aburre de leer mil veces los mismos cinco capítulos, que es lo que hay que hacer cuando no planificas o planificas mal.


La segunda gran ventaja, absolutamente personal, que le encuentro a estructurar una novela es que elimina de raíz el bloqueo de escritora. Cuando tengo un plan, puedo llevarlo a cabo mejor o peor, pero lo saco adelante. Ya no hay página en blanco porque ¡Sorpresa! El desarrollo de la novela también implica escribir.


Estas son mis dos razones para haber cambiado la brújula por el mapa, pero hay más. Te las cuento al final del artículo. De momento, vamos a ver cuáles son los mitos sobre las escritoras de mapa que no debes creerte y por qué planificar una novela puede ayudarte a ser mejor escritora.


Mitos sobre planificar una novela


1.- Solo hay una manera de estructurar la novela y es aburridísimo


Casi todas las adalides del mapa defienden su manera de trabajar con él y solo la suya. He visto paneles de Pinterest llenos de hojas divididas en cuadrados, docenas de escaletas cortadas por un patrón similar y tableros de corcho llenos de post its que parecen investigaciones del FBI.


Si cuando buscas un modo de planificar tu novela solo te encuentras con dos o tres formatos diferentes y ninguno te convence, es normal que creas que esto de hacer mapas es algo formal, aburrido y soso.


Pero lo cierto es que existen tantos formatos como quieras para estructurar tu novela. Así, sin pensar mucho, se me ocurren estos:

  • Tableros de Trello

  • Mapas mentales

  • Libretas y rotuladores de colores

  • Bibisco

  • Collages con fotos y texto

  • Y hasta el panel de navegación de Word si lo usas con eficacia.

Hay muchos métodos para diseñar la estructura de tu novela. Si quieres que escriba sobre ellos, déjame una nota en comentarios y añadiré la idea a mi calendario editorial. Palabra.




2.- Planificar una novela asfixia la creatividad


Este es uno de los prejuicios más extendidos sobre las escritoras de mapa. Da la sensación de que, quien dice esto, cree que en el momento en que te pones a estructurar la novela la has encerrado en una especie de prisión y ya no podrás sacarla de ahí.


Claro, con eso en mente, es normal que te sientas como si hubieras metido a tu novela nonata en un ataúd.


La buena noticia es que los mapas no se graban en piedra. Sobre todo porque eso sí que llevaría un tiempo del que nadie dispone. Por eso se cambiaron las piedras por tablillas y las tablillas por papiro y el papiro por ordenadores.


El mapa, es más una guía sólida y estable para que no te pierdas por el camino que una serie de normas inmutables. A las escritoras no nos gustan las normas inmutables.


Cuando has diseñado un mapa estupendo y empiezas con la redacción del primer borrador, pero a mitad de camino se te ocurre una idea mejor, no la tiras a la basura. La anotas, trabajas con ella y modificas el mapa. Desde ya te digo que es mucho más fácil rectificar un esqueleto de novela que el producto supuestamente final, repleto de palabras que te duelen como hijas.


3.- Estructurar la novela con antelación elimina las sorpresas


La verdad es que una de las cosas más chulas de escribir y de las que más disfruto cuando aparco el mapa y vuelvo a mi brújula primigenia, es caminar por el mundo que yo misma he creado sin saber muy bien qué voy a encontrar cuando doble la siguiente esquina.


También resulta emocionante asistir a las reacciones de los personajes cundo no los conoces bien.


Y, es cierto, esta sorpresa no es tan frecuente cuando redactas el primer borrador después de planificar una novela. Pero ¿sabes por qué? Porque los descubrimientos, las sorpresas y las emociones suceden durante el desarrollo de la novela; es decir, durante el diseño del mapa.


¿O es que pensabas que las escritoras de mapa íbamos a la despensa, escogíamos unos ingredientes y los colocábamos en un tablero como los castillos de la Ruta del Tesoro?

La sorpresa no desaparece: cambia de lugar.


Y, lo que es mejor, puedes librarte de una sorpresa incómoda mucho antes y con menos dolor si no has hecho todo el trabajo de redacción en detalle que hacen las brújulas.


4.- Diseñar un mapa lleva demasiado tiempo


No me extenderé mucho en descabezar este mito. Solo te diré una cosa:

Escribir un mapa lleva tiempo, pero mucho menos tiempo que reescribir un primer borrador fallido.


Imagina que tardas tres semanas en escribir el desarrollo de la novela, el mapa. Tres semanas de tu vida en las que no has escrito ningún párrafo definitivo, ni has descrito ningún mágico lugar. A lo mejor te parece una posibilidad un poco árida.


Ahora compáralo con pasar tres semanas escribiendo mil palabras al día de lunes a viernes. Tienes quince mil palabras. Un cuarto de novela, casi. Animada por el montón de folios o de caracteres, o por el peso de tu archivo, pasas tres semanas más haciendo lo mismo, y luego otras seis. Terminas tu primer borrador con unas cuarenta y cinco mil palabras.


Dos semanas después empiezas a leer y te das cuenta de que algo que sucede en el capítulo cinco no tiene sentido. Lo anotas. Sigues leyendo y ves más agujeros, más cosas que no cuadran. Inasequible al desaliento, sigues anotando y empiezas a reescribir.


Ojo, porque tendrás que rastrear todos los lugares del tex