El espacio narrativo: otra arma en tus manos

Actualizado: 22 mar

¿Qué es el espacio narrativo y por qué merece la pena trabajarlo? Si los personajes son el motor de la historia ¿no parece evidente que esta debe suceder en algún lugar? Pues ese lugar es el espacio narrativo. Los eventos que narras necesitan un sitio para desarrollarse. Y en más ocasiones de las que piensas, la ubicación que escojas tendrá mucho que ver en las emociones que despiertes en tus lectoras.





¿Qué es el espacio narrativo?


Para manejar bien las herramientas de la narración debes saber qué son. Imagínate que quisieras clavar un clavo, pidieras un martillo y alguien te pasara una llave inglesa… de acuerdo, esta también es muy contundente, pero no es lo mismo. Así que definamos el espacio narrativo


Espacio narrativo físico


Es aquel que va más ligado a las descripciones. Para trabajar con él debes hacer que las palabras representen lugares y objetos. El espacio físico es el que dota de entidad a la narración y suele identificarse con el espacio geográfico, sea este real o imaginario.


Espacios narrativos físicos son: una habitación, una piscina, una tienda, un país, un planeta, una nave espacial y hasta el estómago de la ballena que se traga a Gepetto y a Pinocho. Espacio físico es sinónimo de lugar. Por pintoresco que sea ese lugar.


Espacio psicológico


Dependiendo de cómo manejes las características del espacio narrativo físico, crearás un espacio psicológico u otro. Hablamos aquí de la atmósfera, que tiene una gran influencia sobre las emociones que despierte tu obra.


El espacio psicológico pertenece también al nivel simbólico de la narración: al mencionar determinados elementos, se ponen de manifiesto las características del entorno (clase social, catadura moral de los personajes, nivel intelectual, etc).


Claves para dominar el espacio narrativo



1. Úsalo para ayudar a tus lectoras, no para lucirte


El espacio narrativo sirve para que tus lectoras sepan donde están tus personajes en todo momento. Cuando planees o cuando corrijas, ten en cuenta que cada escena debe suceder en un lugar determinado.


La única manera de que tus lectoras sepan cómo es una habitación, un bosque o una calle, es que tú lo sepas antes. No hace falta que lo anotes todo a priori. Puede que tu espacio narrativo se te vaya revelando a lo largo de la escritura. Si es así, ten a mano un papel (o un archivo de Word abierto) para ir anotando las características del lugar. Así evitarás que una peluquería en la que crecían geranios blancos se convierta en una peluquería con hermosas suculentas en el escaparate.


2. Haz que el espacio narrativo refleje el tema


Y no me refiero solo a la atmósfera. Está claro que las sombras tenebrosas son una de las herramientas más usadas para provocar miedo. Sin embargo, como escritoras que aspiran a más, nuestro deber es empezar por lo más sutil.


Jack Ketchum en La chica de al lado, usa el espacio narrativo con gran astucia para crear tensión, situar a las lectoras y dejar clara la temática de la obra. En este caso la novela, de terror, habla de dejarse llevar por la corriente, de las apariencias engañosas y de lo que esconden tus candorosos vecinos de enfrente. Para ello usa muy pocos espacios narrativos físicos.


  • Empieza por la gran piedra en medio del río. Un lugar donde los chicos del barrio pueden jugar y ser ellos mismos. La corriente la cerca y solo pueden llegar a la orilla mojándose. A nivel físico es un sitio soleado y alegre, pero también limitado por el propio río; es decir, un lugar en el que acecha el peligro. Un peligro que pasa desapercibido.

  • La feria de la ciudad, un lugar que debería ser sinónimo de felicidad. La vemos desde su construcción, a la que asistimos de la mano de trabajadores preocupados porque amenaza tormenta. Exactamente lo que sucede en la trama en ese momento: todo se conjura en contra de la protagonista, que verá que rayos y truenos estallarán sobre su cabeza en muy pocas páginas.

  • La casa de la vecina: un lugar cuya apariencia cambia a medida que avanza el trastorno de la antagonista. La primera vez que entramos es un lugar que huele a la colada recién planchada. La última vez es un vertedero de colillas y platos sin lavar.

  • El sótano. El lugar donde sucede la parte más atroz del libro es también el espacio narrativo con una carga simbólica más importante. Así aparece descrito por primera vez en el capítulo 6.


Era una habitación dentro de una habitación, de dos metros y medio por tres de ancho y casi dos metros de alto, modelada estrictamente según las especificaciones gubernamentales. Bajabas las escaleras desde la cocina, pasabas por delante de las latas de pintura apiladas bajo los escalones, por delante del fregadero, de la lavadora y de la secadora, girabas la esquina, atravesabas una pesada puerta de metal atornillada —originalmente la puerta de una cámara cárnica—, y te encontrabas dentro de un recinto de cemento al menos diez grados más frío que el resto del sótano, oscuro y con olor a moho. No había enchufes ni luces.


Willie había clavado vigas a los travesaños del suelo de lacocina y las había apuntalado con gruesos posted de madera. Por fuera, había tapiado la única ventana con bolsas de arena y por dentro la había cubierto con una pesada malla metálica de un centímetro de espesor.



El sótano no vuelve a aparecer hasta el capítulo 24. Y a partir de ahí el destino de la protagonista estará sellado.


En la descripción anterior no parece una gran cosa, no hay palabras que indiquen lo que pasará. Es una descripción de espacio físico pura y dura. El espacio narrativo psicológico se marca en la página anterior, cuando Meg, la protagonista, menciona que no le gusta el búnker. Y queda sellado en el capítulo 24. El de esta foto:






3. Describe mediante la acción


El fragmento que he transcrito un poco más arriba es descriptivo y no incorpora mucha acción, pero es corto y está inscrito en una obra con un ritmo muy ágil. Cada vez más, las lectoras, incluso las que no pueden vivir son un libro entre las manos, han visto mermada su capacidad de atención. No es culpa de nadie. Los estímulos externos se multiplican y eso hace que las escritoras debamos ser más hábiles.




Por eso, como el espacio narrativo es un elemento básico para guiar a tu público a través de tu obra, tienes que manejar las descripciones de forma que resulten atractivas. Por ejemplo:


  • Haz que tu protagonista se mueva por el escenario, que toque las cosas, que se golpee con ellas, que le llamen la atención.

  • Liga los objetos y los colores a emociones.

  • Sugiere la presencia (o la ausencia) de un objeto nombrando otro.

  • Utiliza preguntas. Que los personajes cuestionen el motivo de que una pared esté pintada de negro, por ejemplo.

  • Si hay más de un personaje, establece el espacio narrativo mediante el diálogo.

Así comienza Nieves Mories Asuntos de muertos:


He visto a una mujer morena, flaca, nerviosa, caminando dubitativa entre los escombros de un edificio medio derruido. Los cristales crujían cuando los pisaba y, de vez en cuando, tropezaba con un ladrillo o una viga de metal tan visibles que hasta un lisiado los hubiera esquivado.


La he visto e, inmediatamente, he pensado que eras tú.


El espacio narrativo queda definido con muy pocas palabras: el edificio derruido, los cristales que crujen. Son pocas, sí, pero muy bien escogidas. Y no solo establecen el aspecto del lugar donde sucede la escena (un edificio reducido a escombros), sino que describen al personaje.


Esta economía requiere cierta práctica, pero es muy efectiva.


4. Utiliza lo que la lectora ya sabe para definir el espacio narrativo


Todas las narraciones ocurren en lugares ¿verdad? Reales o imaginarios. Estos lugares son lo que llamamos el espacio narrativo físico.


Si tu novela transcurre en una ciudad común, con calles de color asfalto, fachadas de ladrillo visto, semáforos con luces rojas, verdes y amarillas… ¿por qué perder en esos detalles palabras que podrías usar para profundizar en la trama o los personajes?