Libros que te marcan: mis 10 secretos de escritura mejor guardados

Actualizado: 22 mar

Los libros que te marcan, ¿por qué lo hacen? ¿Qué hay en ellos que se te graba a fuego en lugares que no sabes ni que existen? Hace un tiempo, LM Mateo escribió un artículo precioso sobre los diez libros que la introdujeron en el género fantástico. Tienen poco que ver con los que me marcaron a mí, excepto por la referencia a Dragonlance, pero su lista ha hecho que me plantee qué libros me marcaron a mí de jovencita. Y cómo esa marca se ve todavía en algunas de mis novelas y de mis relatos. Porque se ve, claro que sí. Aunque una no sea capaz de distinguirlo la primera vez, los tatuajes de antiguas lecturas palpitan sobre nuestras creaciones.




Veamos qué he aprendido esta semana sobre los libros que te marcan y cómo su presencia atraviesa océanos de tiempo. ¿Era así, Lidia?


Los libros que te marcan para bien

10.- Las rimas de Becker

Más allá de la pupila azul y el corazón sustituido por una máquina que, al moverse, hace ruido, las rimas de Gustavo Adolfo fueron mi primer contacto con la muerte. Así que, si vamos a hablar de libros que te marcan, hay que empezar por ellas.

En concreto, la rima LXXIII sigue dándome vueltas por la cabeza. Sobre todo de noche. Sobre todo cuando no puedo dormir:

Despertaba el día, y, a su albor primero, con sus mil rüidos despertaba el pueblo. Ante aquel contraste de vida y misterio, de luz y tinieblas, yo pensé un momento: ¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos!

Aquí se juntan la descripción y un tipo de acción que fluye muy despacio y que no significaría nada si no fuera por los pensamientos del protagonista. Barro, mi novela de fantasía oscura de portal, tiene mucho de esta manera de estructurar los acontecimientos. Pero no está hecho a propósito, la verdad. Lo que pasa es que las mentes preadolescentes son muy impresionables.

Por cierto, acabo de caer en la cuenta de que mi próxima novela, Las balsas de Noa, abre con una reinterpretación de estas estrofas. Y seguro que descubro nuevas referencias a medida que escriba.

9.- Las aventuras de Sherlock Holmes

El lenguaje de la edición que había en casa no era para niños, pero mi mejor amiga y yo los leímos igualmente a la tierna edad de 13 años. Eran otros tiempos y creo que fue en estas novelas donde aprendí lo malo del amor tóxico. Al fin y al cabo, la admiración que siente Watson por Sherlock es amorosísima y la mar de tóxica. Recuerdo lo mal que me sentó que se casara. Algo que me volvió a pasar con la serie de la BBC.

De Doyle no creo que haya aprendido lo que más me gustó de sus obras: a crear personajes atractivos, fascinantes, inteligentes y odiosos. Pero estoy en ello.

8.- Flores en el ático

No va a ser la primera vez que hablemos de V.C. Andrews en esta lista. En mi casa, la que leía era mi madre y su proveedor oficial de libros, el Círculo de Lectores. La mujer hizo lo que pudo mientras pudo, pero no hay muchas maneras de alejar a una adolescente de los libros (si la adolescente quiere leer). Así que allí estaba yo a los 15, leyendo esta historia de madres malvadas, incesto y sexo a escondidas.

Recuerdo que me la dejó a cambio de que me leyera Hijos de la droga, que me encantó, pero no me pareció especialmente aleccionador. Mientras escribo esto descubro que tiene segunda parte.


Y ahora que edito el artículo aprovecho para dejarte mi reseña de esa segunda parte ;)

¿Y cómo me he traído Flores en el Ático a mi literatura? Pues creo que donde más se ve la influencia de este neogótico sensacionalista es en el sentimiento de culpa de muchas de mis protagonistas y en sus relaciones con sus madres.

Si te gustan los relatos claustrofóbicos sin muchos méritos literarios pero adictivos como las drogas duras, yo te lo recomiendo. Hubo un tiempo en el que se dijo que era novela romántica, pero que no te engañe la flor de la portada. Es una historia muy turbia.


7.- El ángel negro


Después de Flores en el Ático, a mis hormonas adolescentes les hacía falta mucho más sexo y mucha más acción romántica. A decir verdad, caí en las garras de Andrews muy poco tiempo después de dejar a Enyd Blyton y no sé cómo no me descalabré por el camino. En fin: rito de paso de la infancia a la adolescencia a través de libros de factura regular pero emocionalmente muy satisfactorios en aquel entonces.

¿Y qué había en esta novela para que se haya ganado un puesto en el número siete de novelas que te marcan para bien? Pues había un personaje masculino que ha marcado casi todos mis enamoramientos literarios: delgado, perturbado por su pasado, creativo, atribulado, torturado… Tarquín, mi personaje favorito de Barro, tiene mucho de él. Pero no voy a enlazarte la novela, sino a su predecesora. Porque Barro tiene secuela, aunque la escribí antes y está en Wattpad.

Siempre digo lo mismo: es muy mala, pero está ahí, la terminé. Y la retomaré porque habla de la vida de Alicia en París y de un chico que toca el piano. En esta novela malísima hay personajes muy oscuros y magia poderosa y malvada. Yo te dejo el enlace, pero no admito reclamaciones.

6.- Un agujero en la alambrada

He comprado este libro como 25 años después de leerlo por primera vez y la verdad es que el pobrecito no soporta bien el paso de los años. Sin embargo, hay un lugar de honor para él en mi corazón. Habla de la amistad, del extrañamiento, de cómo el mundo no siempre es lo que parece.

Y, en este caso, sí, la influencia de Sauterau en Barro y en casi toda mi obra es evidente. Con este libro aprendí que los mundos separados no siempre están separados de verdad. Y es posible que de aquí haya surgido la idea de que lo que pasa en Tembikar afecta a lo que pasa en ese otro mundo del que Alicia parte y al que regresa.

Lo recomiendo mucho para niñas y niños de diez u once años. Por sus aventuras, por sus personajes, por el encanto y porque luego dan ganas de leer Un mundo feliz, lo que siempre es buena idea.

5.- Crónicas de la Dragonlance

Tres lunas. En este mundo había tres lunas. Y una mujer que cabalgaba un dragón y que pasaba olímpicamente de un caballero de Solamnia. Había un kender que se metía por todas partes y un mago de ojos dorados del que he hablado mucho en otras ocasiones. Esta fue la primera vez que me metía en un mundo del que no quería salir. Después de leer los libros me interesé por el rol (poco, nunca he sido una jugadora empedernida). Y también me llevé a Barro ese ir de un lado a otro. La estructura de viaje (de avanzar por un camino, no del viaje del héroe) y cómo el entorno moldea a los personajes.

No es un libro bien escrito, no pasa la criba de ningún aficionado a la buena literatura, pero es uno de esos libros que te marcan por otras razones. Por ejemplo, que está lleno de aventuras y de personajes únicos.


4.- El señor de los anillos

En esta casa, si no lloras cuando Faramir dispara a Gollum a traición, tienes un problema. Y el problema es que yo no creeré que tengas corazón.

Tolkien hizo muchas cosas bien cuando escribió esta trilogía, pero la mejor tiene que ver con su protagonista. Mucha gente cree que el personaje principal es Frodo, pero eso no es verdad. Frodo, como dice Ursula K Leguin, es solo un 25% de ese personaje, que en realidad está formado por cuatro entidades distintas: Gollum, Smeagol, Sam y el propio Frodo. Si me conoces, sabes que me encanta la arquitectura del personaje.

Si además has leído alguna de mis obras habrás visto -suponiendo que yo lo haya hecho bien- que mis personajes son complejos. La mayoría están torturados, viven sumidos en contradicciones y se reflejan en otros. Eso aprendí de Tolkien (espero).

Y, sí, entre los catorce y los diecisiete leí un montón de libros escogidos sin el más mínimo criterio. desde Barco de Vapor a incestuosa novela neogótica pasando por la Tierra Media. Ojalá esa falta de criterio continuase vigente, pero esa es otra historia…