El tiempo en el relato: la clave que necesitas para dominar el ritmo y la acción

Actualizado: 22 mar

Hay algo indiscutible: toda historia se compone de un principio, una parte central y un final. Y hay otra afirmación igualmente indiscutible: no es necesario que las autoras las narremos en ese orden. Ahí es donde entran en juego la trama y el tiempo en el relato. Existe lo que llamamos estructura narrativa, que es el armazón formado por el modo en que ordenas el espacio y el tiempo dentro tu historia. O, en otras palabras, el orden en que decides presentar los eventos de tu narración.



El tiempo en el relato como clave narrativa


reloj con cita de San Agustín: ¿Qué es el tiempo? Si nadie me lo pregunta, los é. Pero si tuviese que explicárselo a alguien no sabría cómo hacerlo.
Foto de Vintage creado por lifeforstock - www.freepik.es

Manejar el tiempo en el relato (o en cualquier otro tipo de narración) es una de las claves para conseguir que tus obras resulten atractivas a las lectoras. Aunque cada historia requiere de un ritmo diferente, acorde con el género al que pertence, con los hechos que se presentan y con las emociones que la autora desee transmitir, por regla general, las lectoras prefieren ritmos rápidos.

Algunos best sellers lo son, no por la calidad de su prosa o por lo interesante de lo que narran, sino porque el ritmo es trepidante y resulta difícil cerrarlos una vez abiertos. Hablamos del libro/patata frita: cuando haces pop, ya no hay stop.

Clases de tiempo en el relato: externo e interno


En una misma narración se dan cita varios «tipos de tiempo».


Tiempo externo del relato


El tiempo externo del relato, es la época en la que sucede. Por ejemplo, casi todos los episodios de la serie Black Mirror tienen lugar en un futuro muy semejante al presente actual, pero en el que la tecnología ha avanzado de manera significativa. La saga de Las aventuras de Los Cinco, de Enyd Blyton, transcurre en la Inglaterra de la posguerra mundial, en los años 50, más o menos. Los Pazos de Ulloa, de Emilia Pardo Bazán, sucede en un momento contemporáneo a la autora, en Galicia.


Tiempo interno del relato


Por otra parte, tenemos el tiempo interno del relato, que marca las relaciones cronológicas entre el discurso y la historia.


Es decir, el tiempo interno es la relación entre los hechos que se cuentan y el modo de contarlos.


Para manejar bien este concepto debemos conocer la diferencia entre el tiempo de la historia y el tiempo del discurso.


Tiempo de la historia


Se trata de la sucesión cronológica de los hechos y el tiempo que tardan en suceder. Es el tiempo que dura la historia que nos estás contando. Por ejemplo, La señora Dalloway, de Virginia Woolf, cuenta un día en la vida de una mujer. El hombre de tiza, de C.J. Tudor, narra los sucesos de un verano en la vida de un grupo de chavales.


Tiempo del discurso


Aquí es donde entran en juego la creatividad o las ganas de complicarse la vida de la autora. El tiempo del discurso es el orden en que la autora entrega esos hechos a la lectora y lo que ocupan en términos de líneas, párrafos, páginas o capítulos.


La relación entre el tiempo de la historia y el tiempo del discurso marca el ritmo de la obra. Y esa relación se analiza manejando tres conceptos: orden, duración y frecuencia.

El tiempo en el relato - Orden: estructuras narrativas lineales y no lineales




Estructura narrativa lineal


Tienen una estructura lineal todas aquellas narraciones que cuentan los hechos en estricto orden cronológico.


Es la primera estructura empleada en la historia porque es la más fácil de seguir. No solo para la autora a la hora de contarla, sino también para la lectora. Es más fácil comprender una historia que comienza en el principio, continúa por lo que pasa después y termina por el final. Como David Copperfield, Los misterios de Udolfo, o cualquier cuento de hadas clásico.


Los eventos de este tipo de historia van dando lugar unos a otros. Se concatenan. Unos son consecuencia directa de los otros.


Estructura narrativa no lineal


Hay muchas narraciones que no responden al esquema lógico y tradicional. Historias apasionantes que no cuentan los hechos tal como ocurrieron, sino que alteran ese orden para provocar un determinado efecto en la lectora. En ellas se rompe la temporalidad del relato. Esto puede hacerse de dos formas:


  • Mediante un flashback o analepsis: la autora da un salto al pasado para contarnos algo que ha sucedido antes del momento que está narrando. La estructura completa de La chica descalza en la colina de los arándanos, de Nieves Mories, juega con este tipo de saltos temporales al pasado.

Se trata de un recurso narrativo para cambiar el ritmo de la narración, para crear suspense y, en los casos de falta de pericia, para suplir un planeamiento deficiente de la historia.


Utilizar saltos temporales otorga a la historia una apariencia de puzle que resulta muy satisfactoria para un tipo determinado de lectora que prefiere formar parte del proceso creativo y no tanto que le den todo el proceso mascado.


Además, permite jugar con la anticipación y crear con mayor facilidad momentos de tensión para pinchar el globo después.


  • Mediante un flashforward o prolepsis, es decir, un salto hacia el futuro. La autora nos cuenta en un momento determinado, que puede ser el principio de la obra u otro momento, cuál será el desenlace. Y luego nos cuenta la historia como si nada.

El tiempo en el relato - Duración: aceleración y desaceleración





Hay dos maneras de contar los hechos, o dos «marchas», por usar un vocabulario automovilístico, que tiene mucho que ver con la velocidad:


  • Aceleracion: Un periodo largo de la historia se cuenta en muy pocas palabras, apenas en frases. Ejemplo:

El año comenzó bien, tomaron las uvas en amor y compañía y el chocolate con churros del día de reyes vino seguido de hermosos regalos. Pero San Valentín vino de vacío, marzo se llevó los besos de buenas noches y el calor de agosto terminó de derretir un amor que había nacido para morir.


Aquí contamos ocho meses en cuatro líneas y media. El tiempo pasa muy rápido.


  • Desaceleración: se usa mucho texto para contar un acontecimiento de la historia que dura muy poco tiempo. Es algo así como narrar a cámara lenta.


Leocadia se llevó la mano al flequillo, separó los dedos, tomó aire con dificultad, como si algo le impidiera respirar adecuadamente, entornó los ojos, echó hacia atrás la cabeza y las yemas de sus dedos desaparecieron bajo su mata de cabello negro y rizado, dejando al descubierto una frente lisa tras la que se escondía la llave de mi felicidad.


Yo esperaba, con el corazón en un puño. Porque el segundo que empleó en hacer todos esos movimientos, se me hizo tan largo como un turno doble en fin de semana ¿cuánto podía tardar una persona en decir sí o no? Siglos, estaba claro.


En el ejemplo no ha pasado nada.