Cómo encontrar tiempo para escribir (y no perderlo de nuevo)


Puede que este post no te guste. Quiero avisarte antes de escribirlo porque lo cierto es que encierra una verdad un poco incómoda. No pasa nada si, de inicio, sientes rechazo por la idea. Solo te pido que no la descartes del todo (y que no me ofrezcas a tus dioses en sacrificio ritual, por favor). Vamos a buscar tu tiempo para escribir.


Cómo descubrí que el tiempo para escribir no era el problema


Como siempre, este artículo nace de mi propia experiencia como escritora. Y también de mi evolución y de algunas investigaciones que he hecho para comprender cómo funciona mi cerebro en lo que se refiere a la creatividad.


Imaginarás que no nací siendo escritora profesional. De hecho, he desarrollado muchos trabajos a lo largo de mi vida; desde secretaria de alta dirección hasta echadora de cartas por teléfono o dependienta en un McDonald's. Escribo desde los 12 años, pero decidí convertir la escritura en mi profesión en 2017 por motivos que no vienen al caso.


La cuestión es que, durante la mayor parte de mi vida, probablemente igual que tú, me resultó muy difícil encontrar tiempo de escritura. Estudios, familia, amigos, trabajos, otros intereses, presiones externas, mascotas, relaciones sentimentales... Todo interfería con mi tiempo para escribir.


Por supuestísimo, tenía amigas escritoras, algunas de ellas profesionales, algo que yo todavía no era. Una vez mantuve con una de ellas una conversación parecida a esta:


— Tía, estoy harta, no escribo nada. Ojalá me tocara la lotería para poder escribir más.


Mi amiga se miró la punta del zapato (era mucho de gestos así, dramáticos de medio pelo), negó con la cabeza y me dijo.


— Ni aunque te tocara El Gordo quince veces, tendrías tiempo para escribir.


Como comprenderás, me ofendí. ¿Quién se creía era que ella? ¿Cómo se atrevía a juzgarme? ¿Insinuaba acaso que yo no era una escritora de verdad?


Mi cabeza tiende a ir muy rápido cuando se ofende y se siente juzgada, así que esa tarde las cosas no fueron muy bien entre mi amiga y yo. Sobre todo porque ella tenía muy claro lo que quería decirme, pero no me lo supo explicar muy bien. Ni yo estaba dispuesta a escucharla, no nos vamos a engañar.


Una de las lindezas que me dijo fue esta:





De todas las explicaciones que me dio, lo único que resonó conmigo en aquel momento fue esa frase. Y lo de la lotería, que me sentó fatal.


El que se pica, ajos come


Esto lo decía mucho mi madre y resulta que es cierto. Cuando algo te molesta mucho, suele ser porque ha dado con algo interno, escondido. En mi caso suele ser una idea preconcebida, muy rígida, que me cuesta cambiar. Porque creo que es correcta, claro. En esta ocasión la idea era: no escribo tanto como me gustaría porque no tengo tiempo para escribir.


La realidad era otra:


La falta de tiempo para escribir es un síntoma de otra cosa


La mayor parte de las escritoras que conozco escriben menos de lo que les gustaría. Esto se debe, sobre todo, a dos motivos:

  1. Creen que deben escribir mucho más de lo que necesitan y, por tanto, establecen expectativas no realistas sobre su tiempo de escritura. Hay muchos mitos sobre la escritura que deberíamos erradicar.

  2. Consideran que la escritura es independiente del resto de sus vidas.

Si eres escritora no profesional, puede que te afecten ambos motivos. Hoy vamos a hablar de en qué consiste la disociación entre escritura y vida y trataré de ofrecerte soluciones.


Puede que quieras descargarte esta guía para establecer un hábito de escritura. Funciona como cuaderno de trabajo y contiene muchas de las cuestiones que trataremos ahora.


¿Forma la escritura parte de tu vida?, ¿de verdad?


Trata de no sentirte ofendida ni juzgada, no seas como yo, y contesta a estas preguntas:

  • ¿Tu tiempo para escribir son las migajas de tu día?

  • ¿Consideras muchas otras actividades diarias más importantes que la escritura?

  • ¿Te da un poco de vergüenza decir que eres escritora?

  • ¿Crees que podrás escribir más cuando alguna circunstancia de tu vida cambie?

  • ¿No te sientes con fuerza para luchar por tu tiempo de escritura (pero sí para ir al gimnasio, por ejemplo)?

Si has contestado que sí a varias de esas preguntas, es probable que la escritura no forme parte de tu vida, sino que la concibas como una especie de anexo, de lugar seguro, de idea a la que recurres para sentirte mejor.


Esto es algo normal, nos pasa a muchas, no te hace peor persona, ni tiene nada que ver con la hipocresía ni quiere decir que no seas una escritora de verdad.


A veces, usamos la idea de escribir como salvavidas para sentirnos menos abrumadas por lo que llamamos el mundo real.

Teniendo en cuenta cómo es el mundo para la mayoría de nosotras, no es de extrañar.


El problema es que convertir el tiempo de escritura en una tabla de salvación, lo coloca fuera de ese mundo real.


Para saber si te encuentras en esta situación, puedes hacerte estas preguntas. Es importante contestarlas con honestidad porque conocer las respuestas es la puerta de entrada al proceso de integrar la escritura con la vida.


  • Pasas mucho más tiempo pensando en escribir que escribiendo.

  • Fantaseas con que tendrás éxito en la escritura y eso acabará con muchos de tus problemas (pero no escribes)

  • A veces te imaginas recibiendo premios literarios... a pesar de no haber escrito nada.

  • Pensar en el momento que has reservado para escribir te calma y te ayuda a sobrellevar el día.

  • Pero otras cuestiones se interponen y no terminas de encontrar el tiempo para escribir, aunque ya lo habías reservado.

Si has recolectado varios síes, es posible que los pasos que desgranamos a continuación te ayuden a reconciliarte con tu tiempo de escritura.





Como encontrar tiempo para escribir paso a paso


1 Respeta tu realidad


Acabas de descubrir que has disociado realidad de escritura y quieres ponerle remedio. Vale, perfecto, de eso se trata. Pero eso no quieras decir que debas abandonar el resto de tu vida de repente.


No tienes que elegir entre ser madre y escritora.


No debes aspirar a un equilibrio perfecto, porque tal cosa en la realidad no existe. Nos rodean demasiadas pulsiones, obligaciones, deseos, manipulaciones externas y necesidades como para aspirar a un equilibrio perfecto.


Lo que sí puedes hacer es tomar decisiones: haz una lista de todas tus obligaciones y deseos y decide qué vas a priorizar sobre qué.


En mi caso, yo quiero aprender a bailar claqué, terminar una novela al año, salir con mi marido de vez en cuando, leer todos los libros de mi pila, relacionarme con mis amigos y comer sano. Además, debo escribir artículos que me den de comer, cumplir con otros compromisos profesionales, hacer algo de ejercicio para compensar mi trabajo sedentario, gestionar La Escribeteca, ver a mi familia con regularidad y conservar mi casa habitable.


Está claro que NO PUEDO HACER TODO ESO. Así que de vez en cuando me recuerdo que soy humana y renuncio a algunas cosas en favor de otras. Abruma, pero es muy útil. Haz este ejercicio.


2 gestiona la resistencia y la preocupación


Podría apostarme algo a que has pensado que lo anterior no te va a servir de nada. Que no puedes controlar tu tiempo para escribir porque tu vida es demasiado complicada.


Puede que esta no sea la primera vez que lo intentas y te preocupa no cumplir los planes que diseñes con la guía que te has descargado antes (o que puedes descargarte ahora). Sabes que planificar y fallar te crea muchas frustración y sentimiento de culpa y no estás dispuesta a pasar por eso otra vez.


Perfecto: no hace falta.


Date permiso para fallar. Si ves que vas a ceder tu tiempo para escribir porque el día va fatal, no te resistas: date permiso para no escribir. Cuídate de otra manera. Da un paseo largo, haz un poco de meditación, ve a mirar escaparates, llama a una amiga.


Cuando te das permiso, eliminas la culpa y la frustración. Darse permiso para estar cansada es autocuidado. Descansar también lo es.


3 Dale a tu tiempo para escribir la importancia que merece


Como todos los políticos, tanto presentes como pasados, saben, las historias que se cuentan tienen un efecto sobre quienes las oyen. Las historias cambian el mundo.


Si no encuentras la manera de retener algo de tiempo de escritura, no podrás hacer del mundo un lugar un poco más parecido a lo que te gustaría que fuera.


¿Suena cursi? Efectivamente, suena cursi. Pero eso no lo hace menos cierto.

Tu historia es tuya e importa. Tienes derecho a luchar por ella con la misma fiereza con la que luchas por tus hijos, por tu gato, por tu relación y por tu familia.

Y, si necesitas ayuda para hacerte con, al menos, 40 minutos de escritura a la semana, únete a La Escribeteca. Nosotras entendemos tu pasión y te ayudaremos a ponerla en el lugar de tu vida que le corresponde.




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