Bloque de trabajo: semana 10 2023
- La Escribeteca

- 7 mar 2023
- 1 Min. de lectura

Bienvenidas al bloque de trabajo de la semana 10 de 2023, queridas escribetequers:
Recuerda que:
Nos vemos el día 8 a las 11:00 y el 10 a las 18:00
Antes de publicar tu relato, debes comentar el de alguna compañera. Si eres la primera persona en subir contenido, comenta el último relato del encuentro inmediatamente anterior. En este caso, es este. Si ves que el último relato tiene muchos comentarios, ve a otro que tenga menos y así repartimos el amor y el feedback.
Tu relato debe ir precedido del enlace a tu comentario, para que pueda comprobar que, efectivamente, has dejado feedback.

Dicho esto, vamos con el disparador para el bloque de trabajo de la semana 10 de 2023.
Escribe un relato de 1000 palabras, utilizando esta imagen

Esta pintura es de Marcin Kolpanowicz. Un artista polaco nacido en 1963. Se titula El cazador de nubes.
¡Divertíos mucho!
Nos vemos en el encuentro del miércoles 08 de marzo a las 11:00 y/o el viernes 10 de marzo a las 18:00. En este enlace.
NOTA:
Ya he comentado los retos de febrero. Leed vuestro feedback, contestadme si os he hecho alguna pregunta o si he entendido mal alguna cosa y recordad que tenéis hasta el último día del mes para comentar el texto que os he asignado.

Clodovaldo era un hombre de campo, ingenu. Escribia sin pretensiones, solo por el mero placer de trasladar lo que había en su cabeza a un papel amarillento. El dinero escaseaba.
Ir del campo a la ciudad para arreglar asuntos era todo un acontecimiento, pues eso solo ocurría en muy pocas ocasiones de la vida.
Era tan inocente e ingenuo que al desconocido le prestó sus manuscritos solo para que los leyera. Para Clodovaldo era un hombre amable que se interesó por él, cosa a la que no estaba acostumbrado, excepto con su profesora y única amiga.
No sabía que el señor del sombrero era editor, por eso se sorprendió al recibir su libro publicado.
( esta explicación es el iceberg…
https://www.laescribeteca.com/post/bloque-de-trabajo-semana-10-2023?commentId=6f7da564-aefd-4cfd-9647-f75ed9b0519d
Entré al liceo con once años (mejor es decir que “alunicé” pues todos decían que vivía en la luna). A esa edad me sentía como en “Tierra de Gigantes”, pues casi todos eran más altos y hechos que yo. Más hombres, en dos platos. Yo, aunque no era ni tan bajito ni tan enclenque, no destacaba por mi físico. Más bien pasaba desapercibido, o eran mis ganas de desaparecer. Nunca lloraba hacia afuera. Lo hacía dentro, en mi mente que se iluminaba como cuásares a años luz de nuestro planeta azul. Rumiaba pensamientos sin mover los labios. Cada pensamiento se repetía machaconamente dentro de mi cabeza haciéndome cada día en esta tierra una tortura indecible.
Pasé el Bachillerato peleándome…
https://www.laescribeteca.com/post/bloque-de-trabajo-semana-10-2023?commentId=7cfb9da1-268b-478d-8a23-0eaf72c408f2
Casi todos los vendedores, cuando llegaban hasta nuestro rincón de Kashmyr, anunciaban su mercancía voceándola, o con alguna melodía característica de su gremio. El afilador de cuchillos usaba una ocarina con dos agujeros. El aguador llevaba en el cuello de su buk un cencerro enorme, de falso ghulak y badajo de madera negra que repicaba con cada paso del animal. El vendedor de semillas y pólipos vociferaba, casi cantaba, las mercancías que había traído: rayados, rayaaaaditos, los mejores pollicoles, rayados, rayaaaaditos. El atrapatormentas no necesitaba ocarina, ni cencerro ni forzar su voz. El rumor de los truenos ya lo anunciaba cuando bajaba hasta la garganta de Ushmar pues casi siempre cargaba con al menos una de esas nubes negras…
https://www.laescribeteca.com/post/bloque-de-trabajo-semana-8-2023?commentId=feb2539b-e450-4fb5-aaa8-cf07e8eb63b6
El Nublao
Al caer el sol, Teofilo tenía por costumbre pararse en La Tasca, siempre acompañado de su único hijo. A aquellas horas, los parroquianos estaban de vuelta de las tareas del campo, o de dar de comer a los animales. Se juntaban a tomar unos chatos de vino y algún que otro porrón con sifón, o lo que se terciara. El caso era mojar el gaznate y quitar el polvillo de la trilla. Saciaban tanto la sed que la lengua se les movía como las de las beatas cumpliendo penitencia. Los chafardeos estaban a la orden del día.
Por aquel entonces, al pequeño de Teofilo, aún le llamaban Valdito, diminutivo de Clodovaldo. El horroroso nombre fue imposición de…