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¿Qué es la atmósfera narrativa y cómo crearla?

En el arte de tejer relatos, dos hilos entrelazan con sutileza el tapiz de nuestra narrativa: la atmósfera literaria y el tono. Cada uno cumple una función esencial y, juntos, dotan a nuestras historias de profundidad y resonancia. La atmósfera es ese velo que envuelve sutilmente cada palabra, cada escena, invitando a la lectora a sumergirse en un mundo palpable. El tono, por su parte, es la voz con la que contamos nuestra historia, la perspectiva única que adoptamos como narradoras.

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En este artículo, nos centraremos en la atmósfera narrativa: ese elemento esquivo y poderoso que, cuando se maneja con destreza, transforma la lectura en experiencia. Aprenderemos a diferenciarla del tono y, lo que es más importante, veremos cómo tejer una atmósfera que no solo complemente, sino que eleve nuestra narrativa. Acompáñame a descubrir los secretos de la atmósfera en la escritura creativa.

Atmósfera narrativa y tono: el alma y la voz de tus historias


Antes de nada, comprender la distinción entre atmósfera y tono es esencial para apreciar su influencia en la narrativa.


El tono es la voz narrativa. No necesariamente la nuestra, sino la de la narradora de la novela. Es la voz que te habla directamente, con sinceridad, con pasión, con un toque de humor o una pizca de seriedad. Es la voz que te dice: “Esto es lo que te quiero contar y cómo me siento al respecto”. Es una actitud constante, como la mía aquí, hablándote de tú a tú, como si estuviéramos charlando en un hotelito encantador, compartiendo confidencias acompañadas por el clink-clink de las cucharillas.


La atmósfera, en cambio, es ese abrazo cálido o ese escalofrío que recorre tu espalda sin que sepas muy bien por qué. Es lo que te hace sentir el peso de los páramos en “Cumbres Borrascosas” o la ironía en las palabras de Jane Austen. Es la diferencia entre saber que estás en un lugar que bulle de esperanza o en otro con el mismo aspecto pero que oculta oscuros secretos.


Cuando escribas, piensa en las emociones que quieres despertar en tu lectora. No solo en lo que le cuentas, sino en cómo se lo envuelves y se lo entregas. Cada palabra, cada pausa, cada imagen es un hilo de ese tejido que forma la atmósfera de tu relato.


Recuerda, la atmósfera es lo que todavía resuena cuando las palabras terminan. Es la sensación que acompaña a tus lectoras mucho después de cerrar el libro, esa que las hace volver una y otra vez a tus historias.


En esencia, el tono es la postura emocional que adopta la narración, la voz distintiva que eliges para contar la historia. Es un elemento constante que permea el relato y ofrece pistas sobre la perspectiva y los sentimientos del narrador hacia los eventos y personajes.


La atmósfera, por otro lado, es el ambiente emocional que se crea a través de la descripción y la acción, un tejido de sensaciones que envuelve a la lectora y la transporta al corazón mismo de la historia. Mientras que el tono se mantiene a lo largo de la narrativa, la atmósfera puede fluctuar y adaptarse a los diferentes momentos del relato, lo que enriquece la experiencia lectora gracias a su dinamismo.


7 Claves para crear la atmósfera en narrativa


Entender y dominar la atmósfera narrativa es crucial para dar vida a tus historias. Vamos a desglosar siete claves prácticas que te ayudarán a construir mundos ricos y envolventes en tus novelas y relatos.



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1 Elección de palabras y atmósfera narrativa


La elección de palabras no es un mero acto de selección léxica, sino una herramienta para moldear la atmósfera de cualquier narrativa. Cada término porta consigo un peso emocional y visual que puede alterar completamente la percepción de una escena.


Tomemos, por ejemplo, la descripción de un árbol. Podemos escribir: “Un árbol erguía sus ramas retorcidas como garras contra el cielo crepuscular. De una de ellas, medio arrancada, pendía un nido olvidado". La imagen es un tanto tétrica y apropiada para un relato gótico o una escena de suspense.


Por otro lado, si describimos el mismo árbol con otras palabras: "Un árbol desplegaba el delicado encaje de ramas de su copa, que ascendían hacia el cielo azul. Una de ellas cobijaba un nido recién construido al amparo de las hojas verdes", la atmósfera se transforma. La escena se vuelve acogedora, llena de vida y esperanza, ideal para un momento de paz o una escena pastoral en nuestra historia.



2 Nombres propios que se ajusten a la atmósfera de tu novela


La selección de nombres propios en tu narrativa es una decisión estratégica que puede realzar la atmósfera que quieres crear. Los nombres de personajes y lugares sugieren subtextos culturales, históricos o emocionales que enriquecen la trama.


Imagina, por ejemplo, un personaje principal en una historia de misterio ambientada en un pequeño pueblo español. Si la llamamos "María", inmediatamente evocamos una sensación de familiaridad y tradición. Podemos estar hablando de una protagonista que es parte integral de su comunidad. Por otro lado, si optamos por "Renata", el nombre aporta un aire de fuerza, tal vez como presagio de una personalidad compleja y un destino fuera de lo común. Piensa, sin ir más lejos, en Fortunata y Jacinta.


Jacinta es un nombre predominantemente femenino de origen Griego.

El nombre Jacinta es la variación femenina de Jacinto, nombre que se deriva del latín «Hyacinthus», y este a su vez del griego «ὑάκινθος» (yákinthos), el cual hace referencia a la flor con el mismo nombre, por lo que su interpretación etimológica podría comprenderse como “la que es bella como la flor del jacinto”. Con este nombre es posible mencionar a Jacinta Mariscotti, una santa italiana que luego de llevar una vida mundana y frívola se dedicó completamente a la virtud cristiana promoviendo confraternidades para dar consuelo a los ancianos y obrando milagros y profecías.

Fortunata: su origen es fortunatus que significa «afortunado, feliz, opulento». Afortunada, favorecida. Joven mártir valenciana, víctima de las primeras persecuciones contra los cristianos. La ironía queda patente.


Ahora, pensemos en un pueblo español: "Vallequieto". El nombre mismo pinta un cuadro de serenidad, un contraste perfecto para una trama de misterio que podría desarrollarse bajo esa aparente tranquilidad. Si, en cambio, la acción tiene lugar en "Tormentales", la lectora anticipará una atmósfera cargada de tensión y conflictos, tal vez con un trasfondo de luchas históricas o naturales. Piensa en "Cumbres Borrascosas"


La clave está en que los nombres propios no sean meros adornos, sino reflejos de la atmósfera que se desea evocarque actuen como un eco que refuerce la inmersión de la lectora en el universo de la historia.


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3 Uso de todos los sentidos


Para tejer una atmósfera que hable a todos los sentidos, es esencial recordar que la experiencia humana no se limita a lo que entra por los ojos. Los sonidos que nos envuelven, los olores que nos transportan, los sabores que nos remontan a momentos pasados y las texturas que palpamos forman el tapiz sensorial de nuestras vidas. En la escritura, evocar cada uno de estos sentidos es abrir una puerta a una experiencia más completa en relación con nuestras historias.


Por ejemplo, al describir un atardecer no te quedes solo con la paleta de colores que tiñe el cielo. Habla también del murmullo del viento entre las hojas, del aroma a tierra mojada que precede a la noche, del sabor agridulce de una naranja que se disfruta en la penumbra, de la frescura del césped bajo los pies descalzos. Cada detalle sensorial es una invitación a la lectora a vivir la escena, a estar allí.


Incorporar estos elementos sensoriales en nuestras narrativas no solo enriquece la atmósfera, sino que también ancla la historia en la realidad, en lo tangible. Así, la atmósfera se convierte en una experiencia vivida que la lectora guardará como si fuera propia.


Volvamos al atardecer de hace un párrafo. En esa primera versión era bonito y agradable. pero podemos convertirlo en asqueroso:


Las nubes rojas del atardecer se cernían sobre los naranjos. Nadie había recogido unas frutas que, de tan maduras, alfombraban el suelo. El zumbido de las moscas ahogaba el deslizar viscoso de los gusanos sobre las heridas abiertas en la pulpa.


O podemos hacerlo frío y apocalíptico:


El cielo desplegaba todas las tonalidades de rojo sobre un campo de naranjos desierto. El viento ululaba entre los troncos desnudos y de las ramas de los árboles pendían unas frutas pequeñas y anaranjadas que no debían estar ahí. Una de ellas cayó al suelo. En lugar de un golpe blando, se oyó un crujido. Una sustancia amarillenta y ácida ascendió unos centímetros y de inmediato fue transportado por la brisa. Eso explicaba que el paisaje estuviera recibierto de una capa de polvo cítrico.



4 Paleta de colores


Los colores tienen el poder de evocar emociones y estados de ánimo específicos, y su uso consciente ayuda a que la lectora se sumerja en la atmósfera que deseamos crear.


La teoría del color es un campo de estudio que analiza cómo percibimos los colores y la manera en que estos pueden influir en nuestras emociones y comportamientos. Cada uno de ellos evoca respuestas emocionales distintas:

  • Rojo: se asocia con la pasión, la energía y la urgencia. Puede aumentar la frecuencia cardíaca y se utiliza para llamar la atención de manera inmediata.

  • Azul: suele relacionarse con la calma, la estabilidad y la confianza.

  • Amarillo: se le atribuyen cualidades como la alegría, la inteligencia y la frescura. Es estimulante y se asocia con la luz del sol y la energía.

  • Verde: es el color de la naturaleza y se asocia con el crecimiento, la renovación y la salud.

  • Naranja: evoca creatividad, entusiasmo y energía.

  • Morado:se relaciona con la sabiduría, la dignidad y la riqueza. A menudo se considera un color que estimula la imaginación y la espiritualidad.

Estos colores se pueden usar estratégicamente en la narrativa para evocar ciertas emociones y crear una atmósfera que resuene con la experiencia interna de los personajes y la lectora. Y ni siquiera es necesario mencionarlos. Puedes hacer que las lectoras piensen en ellos mencionando elementos, objetos o emociones asociadas a cada color.


De hecho, construir una paleta de colores es tan divertido como elegir los colores y luego elegir los elementos:


Blanco: flores de azahar, nieve, nubes, algodón... Pero también fantasmas, gusanos o pus.


Así, la paleta de colores se convierte en una voz silenciosa que habla directamente al corazón de la lectora, invitándola a sentir la textura emocional de la narrativa. Al pintar nuestras historias con los tonos adecuados, no solo contamos una historia, sino que la vestimos con las emociones que escogemos.



5 Emoción + descripción = atmósfera narrativa


La atmósfera de una novela alcanza su máxima expresión cuando las descripciones del entorno se entrelazan íntimamente con las emociones del personaje. El mundo que la autora despliega ante nuestros ojos se filtra a través de la lente de las vivencias internas de la protagonista. El entorno, entonces, se convierte en un espejo de su alma, y cada detalle del paisaje se carga de significado emocional.


Tomemos, por ejemplo, a una protagonista que acaba de sufrir una pérdida. La misma calle por la que camina todos los días puede verse diferente a través de su dolor: "Las hojas caídas se amontonaban en las esquinas, como recuerdos desvanecidos que nadie se había molestado en recoger. Las farolas parpadeaban con una luz enfermiza, que proyectaba macabras sombras danzarinas y cada paso que daba resonaba con el eco de su corazón vacío."


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En cambio, si la protagonista se acaba de enamorar su percepción del mundo se tiñe de ese sentimiento: "Las calles brillaban bajo el sol de la tarde, cada ventana reflejaba un cielo de promesas. Las hojas de los árboles parecían vibrar con una música silenciosa, y el aire estaba impregnado de un dulce aroma a jazmín que parecía celebrar su felicidad. Cada paso que daba era de baile, y el mundo entero giraba al ritmo de su corazón."


Esta vinculación entre el estado emocional del personaje y el entorno no solo enriquece la atmósfera, sino que también ayuda a trabajar la conexión entre la lectora y la protagonista. Al reflejar las emociones internas en el mundo exterior, la escritora invita a la lectora a compartir la experiencia emocional del personaje, a ver el mundo a través de sus ojos y a sentirlo. Es una técnica que, cuando se emplea con habilidad, puede transformar la narrativa en una experiencia muy envolvente.


6 Detalles específicos: la magia en lo minúsculo


Los detalles específicos son esenciales para dar vida a la atmósfera que queremos crear. Cada elemento, siempre que esté bien descrito, tiene el poder de transportar a la lectora, de provocar emociones y de anclar la narrativa en una realidad tangible. No se trata solo de mencionar un objeto, sino de darle un significado que resuene en quien lee.


Tomemos, por ejemplo, la imagen de una bicicleta oxidada. Si está apoyada en el muro de una casa de campo, su pintura descascarillada, que revela capas de diferentes colores, podría estar hablando de diferentes etapas en la vida de sus dueñas. Las ruedas, ya inmóviles, podrían sugerir la parálisis de un sueño o la quietud forzada de una aventura que se vio interrumpida. El óxido que la cubre podría evocar el paso de las estaciones.


Estos detalles, cuando se eligen y se describen con cuidado, tienen la capacidad de construir un mundo completo en la mente de la lectora. la bici no es solo una bici, sino el recuerdo de la libertad, de la infancia, el eco de las risas que alguna vez resonaron en ese lugar, la representación física de la fugacidad del tiempo ... o lo que tú quieras.


Al incluir estos elementos en nuestra escritura, no solo estamos adornando el texto, sino que invitamos a la lectora a sentir la textura de la narrativa y a sumergirse en la atmósfera que hemos tejido palabra por palabra con un objetivo concreto.


7 Longitud y ritmo de las oraciones como música de fondo


Oraciones cortas, similares a latidos apresurados, pueden inyectar tensión y urgencia a una escena. Por otra parte, una oración larga y sinuosa, con sus pausas y sus cadencias, envolverá a la lectora , invitándola a sumergirse en la profundidad de los pensamientos y sentimientos del personaje.



Conclusión


Hablar de atmósfera y tono es un tema tan fascinante que, de hecho, he diseñado un curso completo al respecto. En "Muestra, no cuentes", exploramos estas claves y muchas más. Es el lugar ideal para dar vida a tu narrativa, para pintar con palabras y construir mundos que permanezcan en la memoria de tus lectoras mucho después de que lden la vuelta a la última página.


En "Muestra, no cuentes", no solo te hablaré de técnicas y teorías, sino que te guiaré a través de ejercicios prácticos, ejemplos detallados y análisis de obras maestras de la literatura que han marcado el rumbo de la narrativa contemporánea. Este curso es tu oportunidad para transformar tus historias, para darles una voz que susurre, grite, ría y cante en la mente de quien las lee.


Así que, si estás lista para tomar tus relatos y sumergirlos en la atmósfera que merecen, si deseas que tus palabras no solo cuenten una historia sino que la pinten con los colores del alma, te espero en "Muestra, no cuentes". Visita la página del curso, inscríbete y comencemos juntas este viaje hacia el corazón de la narrativa.



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